mayo 27, 2026
Hola, mis amores:
Casi todo el sufrimiento humano gira en torno a la esperanza de ganar y el miedo a perder.
Pasamos gran parte de la vida intentando conservar lo que tenemos y esforzándonos por
conseguir lo que no tenemos. Más seguridad. Más conexión. Más salud. Más dinero. Más amor.
Por debajo de todo ello acecha el silencioso terror de que aquello que se ha reunido con tanto
esfuerzo pueda desaparecer.
Y, por supuesto, puede desaparecer.
Pero mira con atención.
¿Puedes poseer verdaderamente aquello que el tiempo puede quitar, las circunstancias
pueden alterar o la muerte puede reclamar?
Todo lo que llamamos “mío” llega temporalmente. Las relaciones. Los logros. La juventud.
La salud. La riqueza. La reputación. Incluso este cuerpo.
Todo está prestado.
Ni siquiera nuestro próximo aliento está garantizado.
Esta no es una observación pesimista. Todo lo contrario.
Cuando se ve profundamente que nada puede ser verdaderamente poseído, el aferramiento
desesperado se suaviza y aparece una sutil relajación. El miedo afloja su presa.
La gratitud aparece de forma natural.
No una gratitud nacida de la obligación o de la disciplina espiritual, sino una gratitud nacida
del reconocimiento de Lo Que Es.
Este momento. Esta respiración. Este encuentro. Esta breve y magnífica experiencia de ser.
Todo son regalos.
Y los regalos, por su propia naturaleza, no se poseen.
La libertad no llega porque finalmente consigas asegurar todo y protegerlo de la pérdida.
Esa es una tarea imposible.
La libertad es la comprensión de que lo que fundamentalmente Eres no puede ser disminuido,
alterado ni amenazado por la pérdida de aquello que, en realidad, nunca fue tuyo.
Con mucho amor,
Wayne