julio 29, 2026
Hola, amores míos:
Cuesta imaginar que hayan pasado treinta años, pero así es.
Hace treinta años fui a visitar a Ramesh Balsekar en Bombay con motivo de Guru
Purnima. Al terminar su charla aquel día, Ramesh dijo: «Deberíais volver todos
mañana. Mañana Wayne dará la charla».
Jamás habría podido imaginar adónde me llevarían aquellas palabras ni hasta qué punto
transformarían por completo mi vida.
Y sí, al día siguiente di la charla… con bastante ayuda y estímulo por parte de Ramesh.
Yo no tenía ninguna aspiración de convertirme en gurú ni en maestro espiritual. Pero lo
cierto es que acababa de quedarme sin trabajo y supongo que Ramesh decidió que
necesitaba uno. Siempre fue un hombre muy práctico.
Poco después de regresar a Estados Unidos, alguien me llamó por teléfono y me dijo
que había oído, de boca en boca, que yo estaba dando charlas. Me invitó a Atlanta,
Georgia, para hablar ante un grupo de personas interesadas en el tema. Fui.
El teléfono ha seguido sonando durante treinta años. Y yo he seguido acudiendo.
A lo largo de estos años, me han invitado a lugares de todo el mundo. Siento una
gratitud inimaginable por la vida que me ha sido dada a través de esta Enseñanza. He
conocido a miles de personas extraordinarias… y también a algunas no tan
extraordinarias. He amado y he sido amado, plena y profundamente. Muchas personas
me han abierto las puertas de sus corazones, de sus vidas y de sus hogares.
Quienes conocen mi historia saben que, durante muchos años, fui una persona perdida y
sin esperanza. De un modo verdaderamente milagroso, fui rescatado de las
profundidades del alcoholismo y la drogadicción y conducido hacia la luz de una
hermosa comprensión: que yo, Wayne Liquorman, no era el centro del universo, como
siempre había imaginado. Era, en realidad, una parte integral de algo muchísimo más
grande.
Y con esa comprensión llegó, finalmente, una Paz que trasciende todo entendimiento.
Nada de esto ocurrió como resultado de una meta, una intención o un deseo por mi
parte. Evidentemente, sucedió como parte de un inmenso funcionamiento universal.
Dentro de ese funcionamiento, se me asignó un papel que jamás habría podido imaginar
para mí mismo… un papel que me ha proporcionado una vida muy superior a cualquier
cosa que yo hubiera podido planificar, diseñar o crear.
Creo que quienes hemos sido impregnados por esta Enseñanza somos verdaderamente
bendecidos. En este despertar reside la posibilidad de reconocer Aquello que solo puede
ser señalado, pero nunca descrito verdaderamente… el fin del sufrimiento.
Que te encuentre ahora.
Con todo mi amor y mi gratitud por cuanto me habéis dado durante estos treinta años,
Wayne